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Maria Teresa Ines Alaez Garcia

Maria Teresa Ines Alaez Garcia. Obra literaria.

Obra literaria

Avvon d-bish-maiya

Publicado el 29 Ee mayo Ee 2011 a las 2:26

http://www.v-a.com/bible/prayer.html

 

Los ciudadanos corrían desesperados hacia la entrada del enorme hangar, olvidando hasta lo más imprescindible con tal de salvar sus vidas. En la puerta, un muro invisible de energía los detuvo.

 

La escena se volvía desagradable y la responsabilidad insostenible. Más aún cuando la cámara se volvió hacia su rostro y sintiio aparecer en el aire, por algún sitio, ese pensamiento en voz alta que taladraba hasta su autoestima.

 

'- "¡Elige rápidamente! '¿Quién debe de ir?"

 

- "Pero... ¿Tiene que ser así, de prisa y corriendo, a toda pastilla, sin deliberar antes?"

 

- "No hay más remedio. Elige quién crees tú que debe de ir y deja aquí a los culpables. El resto se salvará."

 

- "Entonces... entrad todos. Aquí la única persona que tiene la culpa soy yo por no haber actuado en el momento preciso, cuando pude hacerlo. Salid. ¡Rápido!"

 

- "Tú lo has decidido. Tú lo has querido".

 

Las enormes puertas se cerraron para no volver a abrirse jamás. Ella se alejó mientras la aeronave ascendía rápidamente. El sol brillaba cada vez con mayor intensidad. Ella se dirigió a la playa y se echó sobre la arena. Todo estaba tranquilo. En paz.

 

Ni siquiera deseó que aquella situacion fuera otra de esas malditas pruebas para que tuviera un final feliz. Sólo queria descansar. Descansar, por fin, sin mirar atrás ni echar de menos el equipaje del pasado. Durante unas horas, la silueta de una ballena estuvo marcando un punto y final en medio del vacío. Y, al atardecer, mecida entre el estruendo del tsunami, desapareció.

 

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¿Te imaginas que todo lo que pensaras y desearas se hiciera realidad, cada vez, con mayor rapidez? ¿Y que no fueras consciente de ello?

 

 

 

 

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- "¡Venga, levántate que se te hace tarde!"

 

Para qué se iba a levantar, si no había que ir al trabajo ni tenía que limpiar ni recoger. Sólo era necesario esperar un poco: la temperatura iría subiendo progresivamente y se quedaría dormida. A continuación no sabe qué ocurriría antes; si una enorme ola la ahogaría por completo o caería algún cascote de uno o dos kilómetros de amplitud que la aplastaría. Si aún así se libraba de ello, en pocos segundos fenecería ahogada por las cenizas que saldrían volando o por el resto ardiente que asolaría toda la corteza terrestee y lo vivo que residía dentro de ella.

 

- "'Que son las ocho y aún tienes que ducharte. No te va a dar tiempo y tendrás que coger un taxi que no puedes pagar. Y como te despidan no volveré a buscarte ningún trabajo¡"

 

Hay que ver qué recursos tiene el subconsciente para no sentir miedo ni abandono. Creyó que había visto demasiadas películas de serie b: esos andares, la forma de expresarse tan barriobajera, esas ropas de cama... si ese iba a ser su último recuerdo, mejor lo cambiada por algo más... ¡CHAF! - "¡Agua¡" - pensó. -"El tsunami"- Sólo le quedaba esperar, dejarse llevar por el agua y en unos minutos ahogada.

 

- "¡Como no te levantes, te llevo arrastrando por el pasillo, con pijama y todo, hasta la calle! ¡Pero qué se ha creído la niña ésta! ¿Quieres que venga a buscarte la policía?"

 

Oh sí, por favor, qué venga la policía y se siente a mi lado a disfrutar de esta paz, de este esplendor. Me voy mojando progresivamente. Qué raro, el agua no está fría...

 

- "¡Ag, qué asco! ¿Pues no se está meando encima? ¡Levántate, por favor, levanta y vete al aseo! Llegamos tarde y ahora tengo que sacar, deprisa y corriendo, el colchón y airearlo por culpa de tu mala cabeza!"

 

Abrió los ojos y vio a Maryl. Córcholis, que no estaba en la playa. Que estaba dentro de su apartamento, con todo el pijama mojado y eran... ¡las ocho y diez! El trabajo, madre mía, el trabajo.

 

Se levantó corriendo. Puso el colchón sobre la pared y abrió la ventana para que se aireara la habitación. Maryl recogió las sábanas y las introdujo en el cesto de ropa sucia. Encima de la mesa tenía el desayuno preparado y, sobre el respando de la silla, la ropa. Gracias que tenía a Maryl;actuaba con ella de padre y de madre.

 

Era un regalo del cielo el haberla conocido.

 


Categorías: Novedades, Actualizaciones

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